Amamantar, mucho más que un alimento
Recibir el pecho constituye sin duda para el bebé, la forma
más próxima, más viceral de estar junto a su mamá. De esta manera, el pasaje de
la vida intrauterina al afuera será gradual y armónica, permitiéndole al recién
nacido acomodarse lentamente a las exigencias del mundo que lo rodea. No
olvidemos, que dentro del útero materno, el bebé tenía todas sus
necesidades cubiertas.
La lactancia entonces, no solo cubre las exigencias
nutricionales para que el niño crezca saludable, sino que constituye además un
ítem clave en la relación afectiva entre la madre y su hijo.
En cada mamada, mamá enviará un mensaje pleno de amor y
ternura que será recibido por el bebé, nutriéndose este de afecto y
seguridad. Para que ese vinculo único y tan estrecho pueda
concretarse es necesario que ambos encuentren para ello un lugar adecuado,
tranquilo, lejos de los estímulos externos que puedan empañar este momento
mágico.
Si por alguna circunstancia, alguna madre tuviera
inconvenientes con la lactancia y debiera recurrir al uso de la mamadera para
alimentar a su bebé, no debe angustiarse pensando que esto dificultará la
construcción del vinculo amoroso entre ambos.
Vale para esto, las mismas recomendaciones antes citadas, un
lugar tranquilo, un contacto corporal estrecho, corriéndose un poco la blusa para que el bebé tome contacto
con el calor de la piel, los latidos del corazón, el sonido de la respiración, la
mirada con ternura entre ambos. De esta manera, una mamadera dada con amor,
permitirá que tu bebé crezca también pleno y con confianza.
Para finalizar,"Amamantar" es mucho más que una
función alimentaria, implica por sobre todas las cosas "AMAR"
